Según el diccionario, el criterio es la “norma para conocer la verdad” o la “facultad de juzgar”. No es una opinión lanzada al azar; es una capacidad de discernimiento basada en principios, técnica y experiencia. Nuestra premisa es clara: sobre gustos hay mucho escrito. Ese es el punto de partida que establecemos para separar la subjetividad de las decisiones estratégicas. Porque, aunque el mito diga lo contrario, el diseño no es una cuestión de “me gusta” o “no me gusta”.
El mito de la subjetividad y su construcción
Generalmente se asume que la subjetividad es eso que nos hace tan únicos y especiales. Nos aferramos a ella como si fuera nuestra alma, y empezamos con los jueguitos de “team verano” o “team invierno”, como si eso realmente hablara de nuestra esencia. Pero lo cierto es que la subjetividad también es una construcción social y cultural.
Nuestros gustos y percepciones están moldeados por la familia, la escuela y el entorno. Por eso, las subjetividades se pueden agrupar: hay pensamientos y preferencias que compartimos con otros sin darnos cuenta. Los gustos, particularmente, suelen ser bastante superficiales como para definirnos hacia afuera. Mejor dejarlos para charlas livianas, y a la hora de trabajar, activar el criterio.
El buen gusto no es magia
Si no hubiera nada escrito, no existirían libros enteros sobre teoría del color, tipografía o psicología de la imagen. Que alguien tenga una preferencia estética particular no significa que su marca deba verse condicionada por ella. Es ahí donde el gusto choca con la realidad del mercado.
El buen gusto, en el ejercicio profesional, es criterio. Es saber que, aunque te encante un color o una forma, quizás no sea lo que tu marca necesita para funcionar. Diseñar no es un ejercicio de ego ni un capricho; es una herramienta de negocio.
Profesionalismo vs. Amiguismo
Vimos demasiadas marcas rodearse de “amigos” que les dicen que todo está lindo. Pero las buenas marcas no buscan aplausos: buscan resultados. Por eso se rodean de gente con criterio, capaz de separar lo personal de lo profesional.
Cuando todo es urgente, nada es estratégico. Construir una marca sólida es un ejercicio de criterio a largo plazo. Aportar esa visión técnica es parte del verdadero valor que se paga cuando se contrata a un diseñador. Una visión capaz de hacer que un producto visual sea coherente y, sobre todo, que cumpla sus objetivos más allá de las tendencias del momento.